2 de febrero de 2022

El nacimiento de Aditya. El momento más especial de mi vida.

Después de varios meses, escribo sobre el milagro de la vida, sobre ese día en el que nació mi bebé. Nuestro parto fue en casa, respetando los tiempos que nuestro hijo necesitaba para nacer. Aditya nació en la semana 41+2. Esa noche, era luna nueva, y yo llevaba varios días en los que la intuición me decía que llegaría con la nueva. Había leído sobre la influencia de la luna, y decían que los partos en luna nueva eran fáciles y rápidos. Me preguntaba si el mío sería así.

Por la mañana, había estado en una sesión de acupuntura, para ver si el parto llegaba. En el hospital ya nos hablaban de inducción y tenía miedo. La dulce espera en los últimos días comenzaba a hacerse densa y prolongada. Yo comenzaba a tener ganas de que mi bebé naciera. Ese día, me levanté temprano, sobre las 6.30am, me puse a recoger todo y estaba emocionada, lloré, pensando que ya llegabas. Hice mi práctica de yoga como cada día, y en la consulta de Mar, le pedí que no me hablara. Tenía hambre, tuve que parar a comprarme unos saladitos en la pastelería de cerca de Mar. ¡Hacia años que no los probaba! Lolo me acompañó hasta el final de la playa, y entre llantos, le contaba a Lolo que necesitaba que naciera. Después de comer me fui a la shala de yoga, necesitaba pasar por allí a recoger y limpiar. Y después me fui a pasear por Poniente, un largo paseo sola.

Por la tarde me di un baño en la bañera y me puse aceite por el cuerpo. Otra vez, lloraba sin consuelo. Hacia las 8, recibo una llamada de Cris, lloro, me reconforta hablar con ella y le pregunto si sería posible que mi cuerpo se pusiera de parto esa misma noche, así sin tener ninguna contracción. Ella me dice que si, que podría comenzar en cualquier momento.
Lolo llega de su ensayo, y yo estoy rara, nerviosa, cenamos, nos abrazamos y nos masajeamos.
Nos vamos a dormir, y le pido a Lolo que por favor se vaya de la habitación, siento que quiero dormir sola. Me encuentro irritable, extraña, quiero soledad. Y termino diciéndole en bromas que igual así me pongo de parto.
Después de 2 horas, quizá sobre la 1am, empiezo a notar contracciones. 

Las contracciones son más intensas y diferentes que las noches anteriores, por un momento empiezo a pensar que ya llega mi bebé. Duermo todo lo que puedo, hasta que decido comenzar a caminar por casa y moverme en la pelota. Empiezo a percibir que el ritual de paso ha llegado. Extiendo mi esterilla en el suelo, coloco un bolster y decido que así pasaré mis contracciones, improvisando asanas, en cuadrupedia, en baddha konasana, en balasana… lo que me iba surgiendo. Después de un rato, despierto a Lolo, que dormía en la otra habitación. No se lo cree cuando le digo que creo que estamos cerca de ver a nuestro bebé. Lolo llama a las matronas para explicarles cómo estamos. Las contracciones son intensas aunque espaciadas en el tiempo, parece que todo va poco a poco. Aún así, yo noto demasiada intensidad.

Lleno la bañera y me voy al agua, sin duda, es el lugar en el que mejor estoy. En cada contracción parece que exploto, empiezo a no saber cómo colocarme porque cada vez siento mucho más. Lolo me pone calor, me pone agua por encima… Yo mientras, no tengo ganas de nada, no quiero que me toquen, quiero estar sola, no quiero música, ni tambor chamanico… nada de lo que habíamos preparado. Sólo quiero estar dentro de mi, y de vez en cuando necesito beber agua. Mi cuerpo evacua todo lo que lleva dentro, tengo temblores, escalofríos, mi cuerpo tiembla. La matrona dice que es normal, es la forma que tenemos de ir entrando y adaptándonos para lo que viene. Siento miedo, mucho miedo, y comienzo a arrepentirme del parto en casa. Le pido a Lolo que me lleve al hospital, yo quiero una droga que me quite todo. Desde la semana 25 estábamos preparando el parto, de forma consciente, dándole a nuestro hijo un gran regalo para llegar al mundo. Siempre había soñado con que si algún día fuera madre, el parto sería en casa. Ahora, entre contracciones, me preguntaba si sería capaz de hacerlo…

Cuando las contracciones eran intensas, le pedía a Lolo que me llevara al hospital, sentía que no podía con tanta intensidad durante mucho tiempo. Por lo que había leído, los partos se alargaban e incluso tenían pausas de horas, me preguntaba ¿cómo sería el nuestro?. Había momentos en los que no encontraba posición de alivio, mi mayor alivio era la bañera y el agua. Lolo preparaba la casa, recogía todo y me observaba con respeto, sin interferir en el proceso y sin preguntarme demasiado. De vez en cuando, contábamos los tiempos entre contracciones. Yo le pedía al bebé y a mi cuerpo que me dieran un descanso, sin embargo, las contracciones eran cada vez más seguidas. La voz me ayudaba en cada contracción, sonidos suaves de ahhh y gemidos salían de mi. En uno de mis momentos de bañera, recuerdo que me quedé dormida, como en una ensoñación, e incluso me fui a otro lugar, tenía microsueños entre contracciones: me transportaba entre contracciones como a un mundo con escenas y personas desconocidas. Ese momento de ensoñación fue un poco más largo, tenía a Lolo cerca y creo que le pregunté cuanto tiempo había pasado.

Me entró miedo, las matronas, Cris y Marina, estaban de camino, y algo me decía que el bebé ya estaba cerca. Tuve una contracción intensa en la que comencé a gritar desde lo más profundo. Lolo me animaba a sacar la voz. Notaba el peso de la cabeza del bebé y ganas de pujar. Le dije a Lolo, entre llantos y gritos que el bebé llegaba ya, y quizá estábamos solos. El dolor que sentía por la pérdida gestacional que habíamos tenido hace un año comenzó a invadirme. Comencé a tener miedo a la muerte: a la mía, a la de mi bebé, sentía que me estaba muriendo y gritaba ¡me estoy muriendo! Sentía miedo a que mi bebé le pasara algo. Lolo me miró a los ojos y me dijo que si nacía ya, sabríamos hacerlo. Cuando me toque, pude palpar la bolsa de agua y la cabeza del bebé, nos separaban ya unos centímetros de distancia.

Cris entró por la puerta rápidamente, en ese momento sentí alivio mientras le gritaba que el bebé ya estaba aquí. Cris escuchó el latido fetal, nuestro bebé Aditya estaba fuerte, latía vida y estaba cerca. En ese momento, vino una contracción muy fuerte, unida al grito intenso, y yo sólo podía decirles que me rompía y moría. Cris me animo a aprovechar la energía de cada contracción para el expulsivo que ya estaba aquí.

No llegamos a preparar la piscina de partos ya que el bebé estaba ya muy cerca. Intenté relajarme un poco, ya que, sentí que me estaba agotando demasiado para lo que quedaba por venir. No podía creerme que el bebé ya estuviera tan cerca. Salí de la bañera, notaba que necesitaba otra postura y espacio. Me puse de rodillas y en el espejo ya podía ver la perla de la bolsa de agua, que salía cada vez más. Me movi del baño al salón de casa, llevaba horas en el baño. En ese momento llegó Marina. Me agarré a una mesa a la vez que me agachaba. ¡Quería que saliera ya! A veces, mirar el espejo me ponía nerviosa, esperaba ver una cabecita, sin embargo lo que veía era la gran bolsa de agua que salía y se hinchaba como un globo en cada contracción. Me ofrecieron la silla de partos y ahí me quedé. Me venía bien para descansar las piernas. En ese momento de sentarme, noté como me ardía la piel y me partía en 2. Era el aro de fuego, y la bolsa estaba saliendo. Detrás saldría la cabeza. De aquí ya sólo recuerdo ver una gran perla blanca y sentir la mano de Lolo que me sostenía. De repente, una gran masa de agua calló de mis entrañas, el grito más intenso de mi vida y detrás, con el impulso de un rayo, salió mi bebé, enmantillado en la bolsa. Aditya salió llorando directo a mis brazos. Aditya nacía en un parto velado, en su bolsa, es menos habitual y muy significativo…

Mi bebe arcoiris chamán estaba en mis brazos, vivo y despierto. No podía creerme que esta personita me hubiera elegido para venir. La absoluta perfección encarnada. Las únicas fotos del parto fueron aquí, en este momento de mirarnos y reconocernos. Todo fue tan rápido que nadie nos acordamos de las fotos… Y aquí ya no podíamos separarnos el uno del otro, tener el calor de Aditya sobre mi y sentir su piel se convertía en la experiencia más sublime.

Lloré y dejé que la explosión de amor me invadiera, mientras los rayos de sol del día más emocionante y perfecto entraban.

Estefania

16 de abril 2022. Gijón.